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LA COLUMNA DEL PORTAL DEL COACHING
 
Cóncavo o Convexo
"El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee,
todo aquello en que él mismo pueda convertirse".
Andrè Maurois

Si le preguntáramos a un niño de escuela primaria qué forma tiene el planeta tierra, casi seguramente diría que es redondo. Y con algunos años más, diría que es una esfera achatada en los polos. Y según el grado de instrucción, podemos encontrar respuestas diferentes, pero difícilmente encontremos alguien que todavía crea que la tierra es plana, tal como la percibe con sus ojos. Sin embargo, esta concepción de que la tierra es aproximadamente redonda fue una conquista del intelecto humano que, en tiempos anteriores a este hallazgo, no pudo cuestionarse el hecho de que si la tierra realmente fuera plana, tendría un borde fijo al traspasar el cual los objetos se caerían para no volver. Y si bien ese borde, identificado como el horizonte, era visible, los científicos no pudieron cuestionarse el hecho de que al movernos, también se mueve impidiendo que lo alcancemos. Simplemente ellos ignoraron lo que no cabía dentro de su explicación y así perduró el error durante siglos hasta que vino alguien que, viendo más allá de lo que sus ojos le permitían, pudo dar cuenta del fenómeno del corrimiento del horizonte interpretando que la tierra era una esfera. Un salto enorme en el desarrollo de la inteligencia humana que dio lugar a nuevas explicaciones sobre viejos fenómenos, revolucionando no sólo el mundo de las ciencias, sino la vida cotidiana y el devenir de la historia, sobretodo de los que habitaban en este lado del planeta, que fueron ignorados por los que vivían del otro lado, hasta el año 1492 DC.

Y así pasa en todos los ámbitos del conocimiento, cuando alguien tiene la capacidad de desafiar sus percepciones y "ver más allá" de lo aparente, como muy bien ilustran esas láminas que circulan por Internet bajo el rótulo de "ilusiones", de las cuales un ejemplo clásico es "El cáliz del amor" de Salvador Dalí. Dependiendo de que al mirar el cuadro nos estimule más el color negro que el blanco, podemos "ver" una copa oscura o dos caras enfrentadas. Y si todavía somos capaces de integrar en una sola visión todo lo que el cuadro contiene como posibilidad de expresión, podremos darnos cuenta de que se trata, en último término, de un beso. Un bonito test para poner en evidencia los filtros con los que percibimos lo que llamamos realidad, y de las distintas apreciaciones que podemos tener cada uno de un mismo objeto o situación según en qué nos enfoquemos. Y de las consecuencias que nos puede traer cuando ignoramos que esta es una característica del ser humano, y que la realidad que cada uno percibe ha dejado de ser real, para ser tan sólo una interpretación posible. Como pasó con la forma del planeta que habitamos.

En este punto, más de alguien estará preguntándose hacia donde voy con tanta introducción. Pues ni más ni menos que intentando abordar el tema de los malentendidos, que actualmente, y gracias a esta especie de revolución copernicana que se ha operado en el campo del conocimiento de lo que implica Ser Humano, ya no se debería resolver buscando al culpable del fallo comunicacional, sino tratando de entender qué quiso decir o hacer el Otro, que no coincidió con nuestras expectativas. Y también dar cuenta del enorme campo de acción que a partir de esta concepción se abre, cuando habilitamos la pregunta en lugar del reclamo, la indagación en lugar del juzgamiento. Porque del mismo modo que una pelota cortada por la mitad, de un lado alguien la verá como cóncava, del otro lado alguien la verá convexa y cada uno pretenderá, en buena fe, tener la razón, ignorando que esa calificación depende de la perspectiva desde la cual se observe... ¡como ocurre con el cuadro de Dalí!

¿Quiere una receta infalible para evitar los estragos que pueden causar los malentendidos? Recuerde el ejemplo anterior y haga el intento de ponerse en los zapatos del Otro, de mirar con los ojos del Otro, para ver la convexidad que usted veía como concavidad. Porque de ese modo, surge la necesidad de indagar, y al hacerlo, también estará habilitando el espacio para que el Otro lo indague a usted, pudiendo llegar así a un mejor entendimiento, honrando una de las premisas fundamentales del coaching, que apunta al aprendizaje transformacional: cambio yo para cambiar al mundo. Una visión que el Sufì Bayazid, mucho antes que el coaching existiera como disciplina, compartía con sus discípulos... "De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo. A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos, y me doy por satisfecho.
Ahora que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente: Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida".

Autora: Clara Braghiroli
Coach Profesional
Buenos Aires-Argentina
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