Profecías autocumplidas, mentiras y mp3
Recuerdo como mi madre, una tarde de verano, estaba tomándose algo con unos amigos y parte de la familia, cuando una ambulancia pasó por delante de ellos interrumpiendo con un fuerte estruendo su conversación. Ella, se quedó mirando fijamente a aquel vehículo y dijo: “En esa ambulancia va mi hijo, Iván”. Como es de imaginar, los siguientes minutos fueron agónicos, ya que en aquella época no teníamos el teléfono móvil como accesorio obligatorio, intentando buscar a mi hermano, su moto o a alguien que le hubiese visto. Finalmente, tras varias horas esperando, una llamada del hospital confirmaba la profecía, Iván había tenido un accidente y estaba ingresado.
Es una realidad absoluta aquella que dice que las personas tienden a intuir aquello a lo que más dedicación les ocupa. De tal forma que a un escritor al que no le salen las palabras y se enfrenta a la famosa crisis del “folio en blanco”, intuye o argumenta que mañana no estará inspirado, pero en ningún momento se le pasará por la cabeza que en Beijing, la cosecha no dará este año el cereal suficiente. Pero pregúntenle al campesino de aquellas tierras si no había tenido él esa intuición. A uno, no le saldrán las palabras y el otro, recogerá una cosecha decepcionante. Ambos aciertan sobre lo que más les causa ocupación o preocupación. Ambos dirán aquello de “Te lo dije”. Ambos, en definitiva, han tenido una profecía autocumplida. Esa es la base de la intuición.
Según este argumento y siguiendo el término que acuñó R. Merton en 1948, las profecías autocumplidas, que son creencias basadas en la intuición y el conocimiento previo, hacen referencia a la confirmación de nuestras expectativas. Es decir, que si mantenemos una firme creencia respecto a algo o alguien, acabamos corroborándola.
Las profecías autocumplidas, por lo tanto, son un gran aliado para conseguir objetivos precisos. Ya que en mi mano está influir positivamente en algo o alguien con mi comunicación y mis actos para que ellos desencadenen la confirmación de mi creencia. Al gestionar esa profecía, desato una cadena de reacciones que me llevan a ocuparme con más dedicación hacia aquello que yo deseo que suceda.
“Hay que tener mucho mimo con Joan, porque sé que merecerá la pena hacerlo”, decían en una empresa hace unos meses sobre un joven empleado con bastante proyección. Se le cuidó el horario, se le facilitaron las herramientas y el trato motivador fue siempre constante. No tardó en llegar el resultado cuando apenas unas semanas después ya producía los mismos resultados positivos que compañeros con gran experiencia. Todo el mundo se ha felicitado por el buen ojo que habían tenido con esa incorporación. Todas las personas han contribuido para que esto suceda. Hoy se ha hecho oficial, Joan ha sido nombrado Director de zona en su compañía. Joan ha sido objeto de la profecía autocumplida de alguien, mientras muchas personas se dicen aquello de “Te lo dije”.
Llegados a este punto, mis alumnos me suelen preguntar ¿Es que Joan no habría llegado por si mismo a ese puesto o situación? Y como buen coach, contesto con otra pregunta ¿Acaso no es mejor provocar profecías autocumplidas positivas a dejarlo todo en manos del azar? Porque esa es la verdadera naturaleza positiva de esta habilidad: Generar la creencia, insuflar confianza y motivar a la acción.
Evidentemente y como siempre ha sucedido, esta herramienta tiene una gestión negativa. Y como curiosamente nos suele pasar, es la que más utilizamos. Cambiemos el ejemplo de Joan y la frase inicial por la siguiente “Hay que tener mucho cuidado con Joan, porque sé que merecerá la pena hacerlo”. Al utilizar la connotación negativa del término precaución, activamos una barrera instintiva para protegernos de aquello que creemos que va a suceder. De tal manera a Joan no se le facilitará una comunicación ilusionante, se le entregarán las herramientas con recelo y los responsables serán mucho más estrictos en su supervisión que con otra persona. ¿Resultado? Joan acabará amoldándose, o estresándose o acabará dejando la empresa. Y sí, también en ese momento alguien dirá aquello de “Te lo dije”.
Y es esta última parte a la que debemos prestar especial atención, ya que existe una costumbre generalizada de pervertir nuestras creencias o prejuicios convirtiéndolas en profecías autocumplidas en quienes nos rodean. Y lo que es peor, en ocasiones existen personas que utilizan las mentiras con matices proféticas para manipular una situación, dirigir bajo el engaño o el miedo o anteponiendo un poderoso individualismo al beneficio colectivo.
Mentiras que se convierten en profecías autocumplidas, pero con la inmoralidad de conocer que nuestro esfuerzo, ocupación o preocupación nunca hubiese ido por ese camino si alguien no nos hubiese influido negativamente con dicha información.
Hace unos meses, el grupo de rock Radiohead, sacaba de manera gratuita en mp3 su último disco. El internauta podía escuchar libremente los archivos y donar la cantidad que considerara oportuna por la calidad o la aceptación del mismo. Fue un éxito, ya que decenas de miles de personas cedieron algo de sus ahorros para la recaudación del mismo. Semanas después se hizo público el triunfo de la promoción y al sacarlo a la venta siguiendo la distribución habitual, se situó en el número uno en las listas de los más vendidos. Thom Yorke, vocalista del grupo, se encargaba de que en cada entrevista quedase clara la siguiente reflexión: “Será una revolución y la apuesta por el mp3 demostrará que el modelo puede cambiar”. Sin duda una gran profecía.
¿Hasta qué punto los seguidores del grupo se vieron influidos por dichas palabras? ¿Y aquellas personas defensoras de todo aquello que suene a 2.0? ¿Y quienes quieren demostrar que el futuro pasa por compartir y por los nuevos sistemas de distribución? Miles de personas apostaron e invirtieron en sus creencias. Cada persona de los grupos anteriores salió ganando porque pudieron decir aquello de “Te lo dije”, pero sin duda, Radiohead fue el gran triunfador de todo aquello, ya que el disco no había encontrado distribuidora inicialmente y sólo tras el éxito de la campaña online y sus mp3, cerraron contrato con XL Recordings. Tras la firma, Thom Yorke comentó: “Te lo dije”.
En definitiva, las profecías autocumplidas son una poderosa habilidad de nuestro cerebro para guiar nuestros esfuerzos en conseguir aquello que más nos gusta: Tener razón.
Pero también es una cualidad de influencia para la consecución de objetivos individuales y globales. Y si bien es cierto que pueden ser construidas sobre mentiras o sobre comunicación negativa, debemos tener nuestra intuición focalizada para ocuparnos por aquello que realmente sea de nuestro interés positivo.
Si somos capaces de profetizar sobre aquello que nos hará crecer como personas y como profesionales y a la vez, desterrar miedos y aquellas creencias limitantes disfrazadas de profecías, conseguiremos optimizar nuestras realidades para salir reforzados y reforzadas. Porque sólo merece la pena profetizar nuestros triunfos, ¿Qué vas a conseguir este 2010? ¿De qué tienes pleno convencimiento? Conviértete en profeta y haz que se cumpla.
Días después de salir del hospital, mi hermano Iván había escuchado como mi madre le había contado a decenas de personas su episodio profético. Utilizando una lógica aplastante y conociendo el miedo que mi madre le tenía a que utilizásemos la moto, una tarde le dijo: “No se lo tienes que agradecer a tu sexto sentido, ni a una cualidad innata de las madres y mucho menos a una iluminación divina. Si cada vez que ves una ambulancia crees que yo voy dentro porque me he caído de la moto, no tiene mucho mérito, que un día aciertes”. Mi madre se le quedó mirando con ternura y le contestó “Sí, sí, pero yo, te lo dije”.
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