De lo Básico a lo Mágico
¿Se ha planteado alguna vez, si le gustaría ir a la luna, o ser un buen banquero? ¿Tal vez un buenísimo escritor que alcance el premio Nobel? ¿De verdad lo quiere?
Pues está de enhorabuena. Si desea algo distinto, también enhorabuena. Nuestras acciones están determinadas por un ámbito de posibilidades. Este ámbito viene establecido por muchos factores, entre los cuáles, nuestro estado emocional habitual es muy importante, como también lo es la manera en que creemos que funcionan las cosas y por supuesto la biología, marcada por la genética y otros descubrimientos biológicos que empiezan a conocerse.
Y aquí se pueden distinguir varios conceptos. Si quieren un ejemplo, les diré que yo nunca podré ser mi propio abuelo y tener nietos tan estupendos como yo. Estoy seguro que mis nietos, si llego a tenerlos, serán estupendos, pero serán personas diferentes a mí. ¿Por qué esto es así? Pues porque es física y biológicamente imposible, porque yo ya he nacido mucho después. A esto lo podemos llamar campo de posibilidades imposibles. Es algo contradictorio pero servirá para entendernos.
Pero hay más. Actualmente yo no puedo ser Presidente de los Estados Unidos, pues para serlo necesitaría haber nacido allí, y eso ya no es posible para mí, pues como hemos dicho antes, yo ya he nacido, y ha sido a este lado del océano Atlántico. Pero al contrario que en el caso anterior, aquí no es imposible el objetivo, ya que para ello sólo se necesitaría ampliar el campo de posibilidades, o sea, ¡cambiar las leyes norteamericanas!, y esto es difícil, pero posible. A esto lo podríamos denominar un campo de posibilidades ampliado; ahora no puedo hacerlo, pero sería posible si algo cambiase.
Desde luego, ahora mismo podría estudiar y acabar la carrera de arquitectura. Está dentro de mi campo de posibilidades, aunque sea un campo de dificultades o posibilidades difíciles para mí, diría yo; Podría pensarlo, hacerlo y tener éxito. Entraría en un campo de posibilidades razonable para mí. En este momento, no entra en mis prioridades y entiendo que la probabilidad de éxito que le asigno es baja, y no lo haré. Es un campo de posibilidades alejadas.
Lo que sí puedo hacer es escribir este artículo, pues está dentro de mi campo de posibilidades accesibles. Si a esto añado que es deseable para mí, pues lo hago y obtengo éxito, y esto no tiene nada que ver con la excelencia de su redacción o la utilidad para los que lo lean. Pienso que es posible y lo escribo, el resultado está claro y a la vista.
La idea principal que quiero transmitir es que para hacer cualquier cosa, primero necesitamos conocer que tenemos la posibilidad de hacerla. Es algo así, como la energía potencial de lo posible. Quiero decir que, en general, no intentamos hacer nada que no entre dentro de nuestro campo de posibilidades. Nadie hará nada que no esté dentro del área de sus posibilidades percibidas porque simplemente no lo creerá posible y por lo tanto, ni siquiera lo intentará, limitando su capacidad. O sea que sólo intentamos hacer lo que creemos que podemos hacer. Entra dentro del campo de posibilidades accesibles, y éste, como los dos anteriores es muy personal.
Afinando aún más mi análisis, diré que mis posibilidades como ser humano, están enmarcadas entre lo que puedo, lo que creo, lo que sé que podría hacer, lo que creo que no puedo realizar, lo que realmente no puedo, y sobre todo lo que no sé que puedo hacer. Y esto que parece un jeroglífico se resume en dos ideas que hay que conocer a la hora de plantearse objetivos: a) Saber hasta dónde llega mi campo de posibilidades y b) Conocer cómo puedo ampliarlo para conseguir lo que deseo, creciendo en la dirección que he marcado. Que lo deseable se convierta en posible. La cuestión es que, si ahora estuviera viviendo en el siglo XV no imaginaría siquiera que la tierra pudiera ser redonda; esta sería la situación de los contemporáneos de esos tiempos, y sin embargo no cambiaría la realidad actual de que la tierra es redonda. Eso sin ni siquiera imaginar cómo podrá ser esta misma tierra dentro de doscientos años. Quizá la geometría se nos quede corta y haya que ampliarla también.
Algunas personas suelen decir, algo así como “si no lo veo no lo creo”, aplicando criterios de posibilidad como los que hemos comentado arriba, podríamos decir ahora “si no lo creo no lo veo”. Es una trampa cognitiva, algo que le podemos decir a nuestro cerebro para que se lo crea. Hoy día sabemos que nuestro cerebro no distingue entre lo real y lo imaginado, si sabemos hacer que lo imagine de forma real. ¡Vamos!, que se lo trague de verdad.
¡Imaginan! Se trata de evolucionar de lo que no es posible hacia lo que es seguramente posible, aunque retador. Es como partir de lo básico hacia lo mágico. Hace tiempo leí un libro que primero me sedujo por su título, y después por su contenido. “La estructura de la magia”. Sus autores, Grinder y Bandler, causaron una auténtica revolución en su momento. Ahí se cuenta cómo modelar a personas excepcionales y realizar grandes cosas, aún sin ni siquiera entender cuál es el origen de esos comportamientos, ni qué maravillosas causas las mueven. He aprendido que la acción es la base de la evolución personal y de llegar a un comportamiento mágico. Desde ahí a realizar magia sólo hay un paso, el de la voluntad. La que tiene aquél curioso que busca las posibilidades ampliables, aquello que le eleva por encima de lo que es ahora y le sube a una altura ni siquiera soñada sólo un instante antes.
Consecuencia inmediata es el dominio de la voluntad sobre las circunstancias. Esto que ha hecho que el progreso humano sea posible gracias a algunos hombres y mujeres extraordinarios, está claramente al alcance de cualquier persona. Ya se que no soy original en esto, pero para mí ha sido un descubrimiento, que aunque tardío, me eleva, me genera adrenalina y es una inyección de energía, que desconocí en etapas anteriores de mi vida.
Con todo lo anterior, me atrevo a postular que la acción es el elemento transformador de la vida. Si bien hasta hace no mucho tiempo, he mantenido el dilema de lo posible y lo imposible, recientemente he descubierto que existen muchas formas de entender el mecanismo interno de funcionamiento de nuestras conductas y hacer posible lo que no parecía serlo. Es un nuevo paradigma.
Me he vuelto adicto a la acción, a veces incontrolada y poco organizada, pero confío en mis posibilidades tanto, como para saber que llegaré a regular y aprovechar al máximo el poderoso instrumento que he descubierto. Ahora soy mágico, lo de ser básico quedó atrás.
|