Liderazgo y Coaching
Dos conceptos sinérgicos
El líder no solo nace, también se hace, y saber cómo dirigir es todo un arte que puede aprenderse. Estas son algunas claves que definen la idea de liderazgo actual.
En los foros de management llevamos años hablando de liderazgo, de qué significa y cómo alcanzarlo. Hemos superado esa etapa en la que la pregunta era ¿un líder nace o se hace? Es indudable que nacemos con ciertos rasgos de personalidad que pueden favorecer un destino u otro. Pero también sabemos que la personalidad adulta se configura con un 80% de carácter y un 20% de temperamento, es decir, que dominan las conductas, creencias, valores y estado transpersonal aprendido por educación. Por lo tanto, el líder se hace.
Sabemos también que los grandes líderes surgen en momentos de cambio, destacan en los momentos difíciles como personas que son capaces de construir y dirigir con eficacia hacia un rumbo acertado. Y sabemos que estos líderes siempre tienen, a su vez, ejemplos a seguir, maestros que emular y experiencias que les marcan, es decir: han sido educados de una determinada manera.
¿Cómo se hace un líder?
Si tuviéramos que definir la receta para cocinar un líder, los ingredientes imprescindibles serían unos valores sólidos. Y estos valores podemos construirlos desde nuestra propia iniciativa.
Los valores, entre otras definiciones, se entienden como el conjunto de creencias y conductas de una persona. En esencia, son los que rigen nuestra vida. De hecho, la gran mayoría de nuestro desequilibrio emocional viene dado por un conflicto entre nuestras conductas y nuestros valores. Por lo tanto, son el esqueleto que hemos de armar para sostener con fuerza el resto de nuestra personalidad.
El líder tiene que destacar por su integridad, cualidad que se apoya en la consecuencia, la congruencia y la coherencia. La consecuencia es la base de la honestidad, primera cualidad para ser reconocido como un buen líder empresarial, según encuesta realizada por Andersen Consulting en 1994 entre 150.000 directivos.
El líder es aquel que demuestra “lo que digo lo hago”. Por lo tanto, otro valor a construir es el compromiso, compromiso consigo mismo, con su propósito personal y con el propósito de la empresa.
Necesita también visión, ver más allá, donde no ven otros. Es creer en sus ideas y, para creer, hay que sentir. El visionario siento el cambio, se adelanta. Es el que “sueña” y a ese sueño le diseña una estrategia para que se cumpla.
Un líder trabaja en construirse un para qué, una razón vital por la que levantarse cada mañana. Un líder tiene claro su propósito y tiene un qué. Sabe cuál es su misión y se responsabiliza de ella. Diseña los “cómo” y pone la fuerza para realizar la visión
El líder tiene que destacar por su integridad, cualidad que se apoya en la consecuencia, la congruencia y la coherencia.
Otro valor importante es la intuición, es observar, es poner los cinco sentidos, es confiar en su proyecto.
En definitiva, un líder es sentir la soledad sin estar solo. Es aquél que va en un camino sólo acompañado. Es quién ve y cree. Es quién se arriesga. Un buen líder es un buen comunicador, es capaz de analizar su realidad y la de otros. Es aquél que inventa su propio mensaje y su forma de transmitirlo.
¿Es posible ser líder empresarial sin ser líder de un equipo?
Estamos hablando de liderar, es decir de tener seguidores que trabajen con nosotros por realizar nuestro proyecto. Que estén convencidos de esas ideas, que crean en nuestros objetivos.
Un líder no lo es si no tiene seguidores. Desde luego, como se demuestra día a día, muchas personas pueden llegar a ser empresarios y directivos, convertirse en jefes de un proyecto. Por supuesto, pueden contratar subordinados. Pueden tener empleados disciplinados. En definitiva, pueden “jefear”. Pero en absoluto está liderando un equipo.
Tomar conciencia de esta necesidad, es decir, que el trabajo en equipo es la única fórmula válida para el éxito, es la primera premisa para actuar como un líder coach. Un líder empresarial necesita interpretar las tendencias y los impactos que aportan sus colaboradores a la cultura empresarial y la forma de trabajar, establecer las coordenadas en las que se respeten las culturas y los valores personales.
Su estrategia debe tener un sentido común para todos. Si no es así, es perder el tiempo y el dinero. Un líder tiene que ser con sus equipos un Arquitecto Social. Diseñar ese camino común y después construir una estructura y asignar los recursos necesarios para alcanzar las metas marcadas.
¿Conoce el empresario qué quiere su equipo?
Es importante que el empresario o directivo conozca a su equipo, no sólo por lo que le cuentan, sino por la observación de sus conductas, creencias y valores. Es necesario preguntar y escuchar, conocer su pasado para entender su presente y observar en el hoy las señales y códigos que emiten. Un directivo tiene que diseñar un futuro para todos, en el que cada uno de los componentes del equipo encuentre su sitio. Tiene que mirar hacia delante y situar a la empresa en el futuro.
Como arquitecto social y creador de una visión, el líder tiene que ser capaz de llevar a las personas a una meta y desarrollar el compromiso a través del diálogo y, a su vez, institucionalizarlo a través de cambios de estilo y estructuras.
Tiene que saber comunicarlo eficazmente y ganarse la confianza de sus colaboradores mediante la integridad.
¿Es necesario involucrar emocionalmente al equipo?
Es importante involucrar al equipo con talento emocional. Sin ese tipo de inteligencia, no es posible. Un buen líder o empresario debe saber gestionar cambios, tomar decisiones, desarrollar talentos, trabajo en equipo, contratar y conservar empleados, gestionar estados de ánimo y salud del empleado, productividad, clientela fiel, ventas, calidad del producto o servicios, innovación, autocontrol emocional, fiabilidad, valoración adecuada de uno mismo, motivación de logro … todo eso forma parte de su principal faceta como líder y coach, ya que para conseguir seguidores han de convertirse en referentes y hacer sentir a los que le rodean que sus proyectos son fruto de un equipo, que necesita a los demás para realizarlo y se incorpora como uno más para alcanzar conjuntamente una meta común.
Es importante que el empresario o directivo conozca a su equipo, no sólo por lo que le cuentan, si no por la observación de sus conductas, creencias y valores.
Sin esa involucración, sin esa energía emocional, cualquier estrategia cae en saco rato. En ese sentido, el coaching con base emocional es una herramienta imprescindible para aprender a dirigir equipos con eficacia.
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