Coaching y Cerebro Espiritual
En nuestra deriva evolutiva se han desarrollado tres cerebros. Reptiliano a cargo de la gestión los impulsos e instintos básicos, el cerebro emocional a cargo del desarrollo de nuestros vínculos y relaciones sociales y el cerebro racional, que nos permite pensar, desarrollar un discursos, teorizar y vivir en la temporalidad, pasado; presente y futuro.
¿Eso es todo?
Eso es sólo una parte. De alguna manera, estos tres cerebros a través de sus memorias nos permiten buscar satisfactores para cubrir nuestras necesidades; fisiológicas, sociales, afectivas y de autodesarrollo. Sin embargo, hay preguntas que no encuentran resonancia en estos tres cerebros y sus memorias respectivas. Como si se generarán desde otra dimensión, una dimensión energética que conecta nuestro ser con su origen. Esta dimensión la he denominado Cerebro Espiritual. Este cerebro también tiene su representación orgánica estando conformado por el circuito energético comunicante de dos estructuras del centro del cerebro que son las glándulas pineal e hipófisis respectivamente. En este circuito se regularía el flujo de la energía corporal, además de la producción de ciertas hormonas fundamentales para nuestro bienestar y calidad de vida. Los más importante aún, es que estas estructuras estarían diseñadas para conectarse con la energía creadora, la energía originaria desde donde proviene la vida. Serían un regalo para que una vez activadas nos provean de bienestar y de una comunicación divina trascendente que otorgarían a nuestras acciones una calidad y eficacia fundamental.
El Coaching, como tecnología de las conversaciones pretende expandir las capacidades de aprendizaje para que la personas logren mejores resultados trasformando sus patrones de acciones. Estos aprendizajes apuntan a dotarlo de mayor eficacia y efectividad. Hasta ahí todo parecería funcionar en forma normal. Sin embargo, el Coaching podría ser una herramienta de mayor resonancia y poder para la ascensión de la conciencia de las personas y el desarrollo de la humanidad, si logra mediar el funcionamiento del cerebro espiritual con los propósitos y objetivos que buscan las personas cuando participan de un proceso de Coaching.
Si los seres humanos buscamos la felicidad, la plenitud y auto-realización, el sentido de nuestra existencia en esta dimensión humana. De alguna manera esta búsqueda estaría impulsada por los registros que almacena nuestra memoria espiritual, sólo se busca aquello que se conoce. Muchas veces llamamos intuición a los mensajes que nos envía nuestra memoria espiritual. Uno de los desafíos fundamentales del Coaching es generar aprendizajes para que las personas aprendan a escuchar, particularmente a escucharse para descubrir sus más profundas inquietudes. Traídas al consciente estas inquietudes es decir, escuchando nuestra intuición, nos sorprenderemos al percibir que los que acometemos comienza a tener un sentido. Así aparecerán conversaciones que las sentiremos como mágicas, conexiones con personas que las llamaremos sincronía sorprendente y, en muchos hechos que empiezan a ocurrir los llamaremos milagros.
El Cerebro Espiritual y su Memoria están ahí, disponibles para que los activemos. Un Coach que se entrene en ello proveerá a sus clientes de un poder nunca antes visto. Si el Coaching se focaliza en aprender nuevas habilidades y acciones, activar el Cerebro Espiritual y su Memoria es más sencillo aún, sólo es recordar nuestro origen. Un proceso de Coaching alineado con este proceso creará un espacio de posibilidades donde antes parecían imposible donde los Coaches encontrarán ese sentido que los movía desde un plano inconsciente.
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