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¿Por qué tenemos pensamientos autodestructivos?

La mente es el centro neurálgico dónde procesamos toda la información acerca del mundo, de nuestro yo, y del futuro de nuestro yo en el mundo que nos rodea. Las creencias, valores, actitudes y expectativas que modelan nuestra conducta no son fruto de las emociones ni se generan en el corazón, sino que son fruto de los pensamientos. El llanto, la carcajada, el sentimiento de derrota o de triunfo, el amor o el desamor, el abatimiento o la dicha, la frustración, la culpa o la tristeza son consecuencias del pensamiento, no sus causantes.

Detrás de sentimientos negativos como la ansiedad, la depresión, la culpabilidad, la vergüenza o la ira siempre se esconde un pensamiento negativo. El pensamiento distorsionado y no el hecho objetivo es el causante de los estados anímicos dolorosos, de ahí que para acabar con las emociones negativas sea preciso corregir el pensamiento.

Cuando el pensamiento es racional, las emociones resultantes también lo son, y, aunque a veces pueden resultar dolorosas, siguen siendo racionales, coherentes, no autodestructivas.

Lo verdaderamente nocivo de los pensamientos distorsionados es su capacidad de camuflaje… acabamos pensando que nosotros somos realmente lo que pensamos (o lo que sentimos) y ni siquiera nos hemos planteado que puedan existir otras alternativas.

Es necesario comprender que el pensamiento es una hipótesis que formulamos sobre la realidad y que esta hipótesis puede ser racional o irracional. Un pensamiento es racional cuando es verificable, real, cierto y provoca emociones moderadas que están en consonancia con el acontecimiento que ha activado el pensamiento. En cambio, un pensamiento es irracional cuando no se puede verificar con la realidad y provoca emociones desmesuradas que no están en consonancia con el acontecimiento  que ha activado el pensamiento.

Tres son las ideas clave del pensamiento de Epicteto (Filósofo Griego) que sustentan lo dicho anteriormente:

1) No son las cosas las que nos perturban, sino el juicio que hacemos sobre ellas.

“Los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas. Como la muerte, que no es nada terrible ¾pues entonces también se lo habría parecido a Sócrates¾ sino que la opinión sobre la muerte, la de que es algo terrible, eso es lo terrible. Así que cuando suframos impedimentos o nos veamos perturbados o nos entristezcamos, nunca responsabilicemos a otros, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones. Es propio del profano reclamar a los otros por lo que uno mismo ha hecho mal; el reclamarse a sí mismo, propio del que ha empezado a educarse; propio del instruido, el no reclamar ni a los otros ni a sí mismo” (Manual, 5)

“Recuerda que no ofenden el que insulta o el que golpea, sino el opinar sobre ellos que son ofensivos. Cuando alguien te irrite, sábete que es tu juicio el que te irrita. Por tanto, intenta, antes que nada, no ser arrebatado por la representación” (Manual, 20)

2) Somos totalmente libres para intervenir en el ámbito de nuestras interpretaciones/representaciones.

“(...) la divinidad no sólo nos concedió esas capacidades con las que podemos soportar todo lo que sucede sin vernos envilecidos o arruinados por ello, sin que, además, como correspondía a un rey bueno y a un verdadero padre, nos las concedió incoercibles, libres de impedimentos, inesclavizables, las hizo absolutamente dependientes de nosotros, sin siquiera reservarse a sí mismo ninguna fuerza capaz de obstaculizarlas o ponerles impedimentos” (Disertaciones, I, VI)

3) Saber distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros.

“De lo existente, unas cosas dependen de nosotros; otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en una palabra, cuando no es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que no depende de nosotros es débil, esclavo, sometido a impedimentos, ajeno. Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre y lo ajeno propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás reproches a los dioses y a los hombres, mientras que si consideras que sólo lo tuyo es tuyo y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nunca nadie te obligará, nadie te estorbará, no harás reproches a nadie, no irás con reclamaciones a nadie, no harás ni una sola cosa contra tu voluntad, no tendrás enemigos, nadie te perjudicará ni nada perjudicial te sucederá” (Manual, I)

“(...) la divinidad hizo a todos los hombres para ser felices, para vivir con equilibrio. Para eso nos dio recursos, entregando a cada uno unos como propios y otros como ajenos. Los que pueden ser impedidos y arrebatados y los coercibles no son propios, y son propios los libres de impedimentos. Pero la esencia del bien y del mal, como convenía que lo hiciera quien se preocupa de nosotros y nos guarda paternalmente, reside en los propios” (Disertaciones, III, XXIV)

“¿Quién es el invencible? Aquel a quien no saca de sus casillas nada ajeno al albedrío” (Disertaciones, I, XVIII)

 El Coaching nos permite hacernos  conscientes de estas tres claves y, en consecuencia, poder ponerlas en práctica en nuestra vida ¿quieres dejar de tener pensamientos auto destructivos/irracionales?

Belén Peñas

Autora: Belén Peñas Pascual
Socia Coach EligeCoaching
Socia Consultora Ves Calidad Humana

belen.pascual@eligecoaching.com
www.eligecoaching.com




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